lunes, 16 de abril de 2012

Ayer

Pah… hoy si que me esforcé con el nombre de mi texto, disculpen pero no duermo hace muchas horas. Lo que pasa es que ayer todos mis problemas parecían muy distantes, pero ahora necesito un lugar donde esconderme… es que ayer me pasó algo que creo que me va a acompañar por mucho tiempo.

Este va a ser un texto corto… ahora les digo hola y en breve les diré adiós y recién en ese instante podrán ustedes darme su saludo. Es que justamente la escritura tiene esto, nos obliga a que me digan hola cuando yo les digo chau.

A uno lo dejan ser y así crece, al hacerlo intenta aprender de la vida. Uno crece y se encuentra con muchos problemas y también con otras cosas… pero por suerte siempre hay alguna buena mujer que con alguna frase llena de sabiduría nos ayuda a buscar nuestro camino.

Y en este largo y complicado camino, uno no solo se encuentra con problemas… hay muchas otras cosas. Existen tantas situaciones que nos enriquecen, tantos que nos tocan en lo más profundo del alma, sean parejas, amistades o gente desconocida que por una u otra razón se ganan una parte de nuestro corazón. Y estando cerca o lejos siempre les enviamos todo nuestro amor.

Mientras caminamos vamos tomando todo esto que nos acontece en el camino y nos nutrimos de ello, mientras caminamos vamos absorbiendo todo lo que estas personas que caminan, de alguna forma, con nosotros nos van dando con su amor, con sus enseñanzas, con todo lo que ellos deciden darnos. Y así vamos cambiando, y quizá el camino se vuelva más tempestuoso, pero no por eso debemos dejar de cantar estos cambios.

Yo quiero ser un escritor, entre otras tantas cosas, pero sin dudas me pregunto todo el tiempo, ¿qué tipo de escritor quiero ser? ¿Quiero escribir libros de bolsillo? ¿Quiero escribir historias de vida? ¿Quiero que alguien me lea de forma de poder ganarme la vida con esto?

Escribir pequeñas historias de amores… aquella historia que nunca funcionó o también de esta que si está funcionando… por qué no también de esas otras por las que nos sentimos enamorados en ese día tan particular de febrero.

Es difícil escribir del amor, y más aún saber si el amor es todo lo que necesitamos. Quizá no estemos hablando del amor de pareja, pero si de algún amor. Porque de a dos se pueden hacer más cosas… de a dos podemos cabalgar hacia ningún lado, podemos enviar postales o escribir cartas. Solos podremos sobrevivir, pero creo que nadie quiere estar solo. Todos queremos que alguien esté con nosotros en ese último momento en el que nos despedimos de todo. No podría sentirme feliz estando totalmente solo… me pregunto, ¿de dónde saldrá toda esa gente solitaria?

Estoy hoy aquí nuevamente trabajando, continuando con mis estudios, escribiendo, siguiendo mi vida, pero ayer por un rato todo fue felicidad, ayer fui transportado a otro tiempo y otro lugar. Tengo una sensación en lo más profundo de que todos los problemas volverán, pero lo que pasó no lo podré olvidar, lo que pasó me acompañará y me ayudará por mucho tiempo.

Ayer fue tan solo un día en la vida, pero no fue un día más. Ayer… ayer… ayer… Ojalá algún día vuelvas a iluminarnos a todos… ojala vuelvas…

Estoy divagando hace como una página ya y no he dicho mucho. El tema es que aún estoy emocionado por lo que me sucedió (como a tantos otros) anoche. Como dije antes uno crece y va absorbiendo todo aquello bueno o malo que le ha pasado, todo el amor que se nos ha dado. Pero omití algo… existen muchos que son quizá tan buenos maestros en nuestras vidas como cualquier otro, pero con la particularidad de que nunca llegamos a conocerlos.

Uno se cría viendo imágenes de gente famosa y otra no tanto, siguiendo ejemplos de supuestos triunfadores. Y así es que de chico yo quería pelear como una mezcla Jean Claude Van Damme en Retroceder nunca rendirse jamás y Silvester Stallone en Rambo. Quería ser sabio como Macgyver y drogadicto como los ositos gummies (quizá esto no debí decirlo). Quería jugar al fútbol como Oliver Atom y gritar por el poder de Greyskull y así lograr que mi mascota se transformara en una bestia asesina al tiempo que yo me volvía un guerrero sumamente poderoso.

Pero por sobre todo quería ser uno de los cuatro de Liverpool… no tocar ni cantar como ellos… quería ser uno.

Con los años muchos de esos caminos se hicieron posibles y otros no (madre, usted no se preocupe porque no ando en las drogas… ¿o si?). Evidentemente un sueño que supe que nunca llegaría a alcanzar sería el de ser uno de los Beatles… ni ser uno, ni llegar a conocer a uno. Pero eso no logró que sintiera menos interés por sus tonadas… y así con los años llegué a ser bastante fanático de ellos.

Ayer por primera vez en mi vida, y en la de muchos otros, nadie me lo contó. Ayer por primera vez en la historia de mi país tocó Sir Paul McCartney con un estadio lleno. La noche anterior al evento yo tenía ciertas expectativas, tenía muchos nervios de ver a uno de aquellos que había musicalizado tantos momentos de mi vida.

Nada podía prepararme para lo que vi… aunque nunca lo pretendí, logré ver a los Beatles. Por momentos me sentí en una caverna de Inglaterra, escuchando a cuatro loquitos hacer magia. En otros momentos veía a un señor que, desconozco cómo, lograba lo que lograba siendo que ya pasaron tantos años desde aquella caverna.

Es muy natural para todos sentir siempre el peso del mundo sobre nuestros hombros, sin saber que somos nosotros quienes nos hacemos esto… pero ayer… ayer Paul nos quitó ese peso y logró que veteranos y jóvenes, grandes y chicos sintiéramos que éramos nuevamente adolecentes escuchando a nuestros ídolos de la infancia, sin ningún tipo de responsabilidad ni ninguna razón para llevar el mundo a cuestas.

Se me hacía muy difícil explicarles lo que viví con mis palabras así que tan solo intenté buscar la ayuda de algunos más expertos en esto que yo. Creo que no logré expresarles lo que sentí… pero puedo decirles que anoche cada uno sentía diferente lo que estaba sucediendo… anoche estábamos acompañados y solos al mismo tiempo.

Todos fuimos tocados por una varita mágica que nos transportó a otras épocas, nos llenó de ilusiones o de recuerdos, que seguramente nos dio un rato de felicidad. Por más que cada uno expresara su locura interior de formas distintas, no había por qué preocuparse porque todos sentíamos la misma locura.

Nunca pensé que algún día podría saber qué se siente presenciar un show como el de ayer, un show en el que la estrella es alguien a quien conoces desde hace tantos años y que admiras desde ese mismo momento. Ahora lo sé, y lo único que puedo decirles es que espero que algún día puedan vivir lo que tantos vivimos ayer (también espero poder vivir esto nuevamente).

Es que hay algo en su forma de moverse, en su forma de alentarnos, en su forma de hablar (en particular cuando lo hizo en español), algo en su sonrisa, algo en él, que nos hacía sentir a todos como si fuéramos uno más del grupo, como si quizá nos conociéramos de antes.

Alguien muy sabio al parecer una vez dijo que “al final, el amor que tomas es igual al amor que tu haces”… esperemos que sea así…

De pronto todas mis preocupaciones han vuelto y el ayer ya parece muy distante… pero sé que volverá esa sensación cuando más la precise… sé que lo aprendido ayer me ayudará a seguir eligiendo mi camino.

Gracias Paul por volar tan alto.

2 comentarios:

CAS dijo...

..y lo mejor: seguimos volando. Así nos dejó!!!

compartir la emoción con mis hijos, fue lo mejor

un respetuoso saludo

Any dijo...

Que envídea!

Me siento menos que Eleanor Rigby levantando arroces ajenos ...
No lo vi cuando vino, ni lo veré ya seguramente, pero esa música sonará por siempre en mis oídos

There will be an answer, let it be!

besos