jueves, 14 de octubre de 2010

¿Por qué comemos?

Aquí comienzo un nuevo ciclo, que puede llegar a estar integrado solo por este paper, donde contestaré el por qué de algunas dudas genéricas que todos tenemos y no nos animamos a preguntar.

En primer lugar comenzaré por agradecerles a todos ustedes por haber leído lo que he escrito hasta aquí y en particular a mis seguidores que me hacen sentir como si fuera un caudillo (siendo que desciendo de uno, me es casi natural). Me han servido y mucho las opiniones que me han volcado, las buenas me han levantado el ánimo y han hecho crecer mi ego y las malas me han servido también para saber quienes me caen mal.

Última aclaración antes de meternos de lleno en este tema tan importante que no toca el día de hoy… para todos los que entendieron que hablé del mismo tema en los tres posts anteriores y que ese tema era mi última relación, por favor, tómense el tiempo para releer todo porque no entendieron nada.

Sin más interrupciones, comienzo a charlar de lo que debo, intentando esta vez ser mucho más breve que las tres intervenciones anteriores. Los otros días estaba en una reunión por el recibimiento de uno de mis hermanos, y comí como hacía tiempo que no comía. Fui con muchísimo hambre, no porque lo haya calculado así sino porque el día se había dado de forma de que la última comida antes de esa reunión había sido 9 horas antes. Mientras comía y dado que no podía hablar ya que mi papá y mi mamá intentaron educarme correctamente, me puse a pensar un tema que según se me dice planteó una de mis maestras hace ya mucho, mucho tiempo. Según tengo entendido esta buen mujer le preguntó a la clase, no llego a entender muy bien que pretendía, un día que se festejaba el cumple de uno de mis compañeritos (todos nos encontrábamos degustando algún sándwich) “¿alguien sabe por qué comemos en las fiestas?”

Orgullosos mis padres me dijeron, cuando ya tenía edad para saberlo, que el único niño que contestó a esa pregunta fui yo. Quizá fui el único porque la maestra no supo cómo manejar la información que le brindé y supongo que cambió rápidamente de tema. Es probable que esta haya sido la última vez que hablé en alguna clase y ahora que lo pienso quizá el trauma que me provocó esta situación hizo que siempre le tuviera miedo a las intervenciones en clase (también existe la posibilidad de que nunca más supe la respuesta para las preguntas que se me hacían). Siendo yo alguien muy hábil a la hora de hablar pero así mismo muy sencillo y humilde, mi respuesta fue simplemente “comemos en las fiestas para no tener que hablar”.

Quizá se están riendo de la respuesta que un niño de 9 o 10 años le encontró a esa pregunta pero... ¿no hay algo de verdad ahí? Dado que en aquel momento aún no conocía el cinismo es que puedo decir que esta respuesta fue de corazón… y eso que las fiestas que vivía yo de chico eran realmente hermosas según las recuerdo (quizá porque siempre había muchísima comida y poca necesidad de hablar…tendré que pensarlo un poco más).

Si lo pensamos seriamente (espero no les cueste tanto como a mi esta hazaña), en nuestra sociedad ¿qué tipo de reuniones carecen de comida? ¿Cuándo fue la última vez que tuvieron una reunión y no habían quilos de comida? Porque como dijo una vez Ellen Degeneres, ¿cuál es la necesidad de comer tanto si mañana vamos a volver a comer lo mismo? Yo he tenido varios en los últimos años y les puedo decir que en este país, el único tipo de reunión que se me ocurre que existe y que no hay quilos y quilos de comida son los velorios. Preferiría no entrar a explicar por qué creo que en los velorios no hay comida, cuando la angustia oral quizá es grande…pero justamente en los velorios se habla y se habla…

Fiestas de quince, casamientos, bautismos, comuniones, bar mitzvah, cumpleaños, reuniones con amigos, reuniones con colegas, encuentros generacionales, encuentros de estudiantes (aunque en estos últimos puede no haber comida debido al exceso de drogas), etc…en todas hay mucha comida. Las fiestas grandes ya cuentan con platos y platos. Incluso hay programas de TV donde la gente se sienta a una mesa a comer, o programas donde nos muestran como cocinan algo mientras otras cosas suceden. Pareciera que pasamos muchísimo hambre, pareciera que en nuestra casa nadie cocina o incluso nadie tiene un teléfono para llamar al loco de la motito.

Al parecer alguien que no quiso dejar su nombre en el libro de la historia dijo una vez “Comida hecha, compañía deshecha”, lo que obviamente no tengo ni idea que mierda significa pero me gustó la rima (muy difícil de hacer por cierto…nunca se me hubiera ocurrido juntar las palabras hecha y deshecha). También Montaigne dijo una vez “El hombre no debe atender tanto a lo que come como a con quien come”…si bien tampoco sé muy bien lo que quiere decirnos M, creo que a los que lo entiendan van a saber valorar la importancia de la misma.

Yo sé que soy un tipo raro, pero a mí me rompe las pelotas que haya que comer tanto. Quizá porque por lo general los platos que se sirven ni me gustan…pero ¿han estado en alguna fiesta moviéndose sin control al son de Elvis Crespo y de pronto cambian de tema a One de U2, prenden las luces y empiezan a servir la comida como si fuéramos un animalito de granja?

Son innumerables las veces que estando con amigos pasándola muy bien suena la pregunta “¿qué comemos?” o “¿qué pedimos hoy?” o alguna otra versión de lo mismo. Lo loco e interesante es que la bola que se le da a esa pregunta es inversamente proporcional a lo interesante que es la charla o actividad que se está desarrollando. Me arriesgo a escribir (no es un gran riesgo, lo confieso) que he asistido a muchas reuniones donde en última instancia no se come porque por la hora ya no hay loquitos en motos o directamente porque esa pregunta nunca fue contestada.

Entonces, ¿por qué comemos? Comemos porque queremos tener algo que hacer, lo utilizamos quizá como Fail-Safe, salvaguarda. Hace un tiempo escuché, debido a que otro de mis hermanos (en este caso el biológico) se casaba, que el éxito de una fiesta dependía directamente de la comida, de la bebida y de la música (o esto recuerdo al menos). Con la bebida y la música no me meteré ya que en esa fiesta me baile todo y me tomé todo…pero no recuerdo haber comido. Fue la mejor fiesta a la que he asistido y puedo afirmar que fue por algo más que la comida algo mucho menos tangible, existió una energía en esa fiesta que no siempre se da (en otras fiestas he comido mucho).

Entonces, lo acepto, pongamos toneladas de comidas en nuestras fiestas como seguridad para que la misma sea exitosa, pero intentemos que no tenga mayor importancia. Intentemos que el centro de la fiesta, reunión, o lo que sea, sea la gente, la conversación, lo intangible…y si creemos que esto último va a faltar, entonces no hagamos esa fiesta, no asistamos, no nos molestemos, porque… ¿para qué forzarnos a algo que nos engorda? Para cerrar los dejo con una frase del gran Groucho Marx: “En las fiestas no te sientes jamás; puede sentarse a tu lado alguien que no te guste”.

Creo que después de tanta pelotudez lo único que puedo preguntar es ¿por qué no queremos que los velorios sean un éxito? ¿No estaría bueno que los velorios empiecen a contar con alcohol en grandes cantidades, mucha comida y hasta música? ¿Por qué queremos que el recuerdo de ese evento sea negativo? En última instancia estamos despidiendo a un ser querido…digo…no se…pienso.

El gusto siempre es de ustedes,

Halcón

3 comentarios:

CAS dijo...

Genial, no paro de reirme. Palabra a palabra una carcajada.
besotes

Any dijo...

Afortunado! sinceramente quisiera que la comida no me interesara ... pero no es mi caso. Es más, me he dado cuenta de que siempre estoy pensando en que podría comer. No lo hago (porque ya no pasaría por la puerta) pero lo pienso, maldición!
En otras partes del mundo se invierte esta situación; se come poco en los festejos (pero se toman hasta el agua de los floreros, eso si) y en cambio hay mucha comida en el (post) velorio, y música tambien (digo, no cumbia ni candombe jajajja pero si una música de fondo). Me interesa lo de la música, sería lindo que a uno lo despidieran con su música preferida; quisiera escuchar algo de los Redondos o que Freddy Mercury me cantara la Rapsodia bohemia.
Y si, claro que debemos comer para no tener que hablar; sobre todo cuando te sientan al lado de tremendos plomos que uno ni conoce ... que mejor que embutirse un canapé detrás del otro y murmurar "mmmmm" "ajá" "que bien" "que mal" ... y asi. Faltaría que uno tuviera que charlar con esa gente!
Me quedé pensando en el tema panqueques ... son tan buenos por alli como me han contado? o me han engañado miserablemente?
Buen post, original, me hizo reir mucho.
Le mando un graznido (los halcones graznan?)

Virke dijo...

Haría una analogía de la comida con la tele, que creo cumplen la misma función en algunos momentos donde no parece ser necesario el puchero para mantenerse en pié.

La respuesta a la maestra fue genial y seguramente no hubo nada más que agregar, por eso el silencio posterior.

Recuerdo que en la fiesta comí únicamente para que el alcohol no dañara mi hígado con las consecuencias que esto acarrea.

Humor negro: en los velorios no hay comida porque ya hay fiambre.

Blackhawk.