lunes, 24 de enero de 2011

Un rato de conexión no me va a desconectar

Uhh loco…que vida…hace horas que estoy viendo qué hacer. Aquí estoy, tirado en un sillón (no muy cómodo el…aunque me acabo de hacer de un almohadón que mejoró un poco mi situación), mirando el cielo nublado, el auto, el parrillero, los bichos, el pasto, los bichos, los arboles, los bichos, etc (el etcétera este refiere a muchos más bichos que estoy viendo). Qué lindo que es descansar…salado…deberían probarlo si no lo han hecho (releyendo esto luego de volver se transformo en una burla a mí mismo).

Una pregunta que se que ustedes se están haciendo (porque no tienen vida) es ¿Qué he hecho estos días? Me encantaría darles una respuesta pero no tengo ni idea. Entre el alcohol, las drogas y mi garganta adolorida, no recuerdo nada. Sé que he leído un poco, y también se, dado el ardor que tengo, que me he quemado de forma nefasta (la forma que yo conozco para quemarme).

Pero bueno…la paz, la tranquilidad y algún texto leído me dieron ganas de escribir algo. No me decido aún qué camino ha de tomar este texto, pero ya lo iré decidiendo. Es muy probable que como en todos mis textos, termine hablando mucho de nada, que les diga nada y les diga todo.

Que te cuento que hace algunos años, quizá tres, quizá cuatro, comencé a trabajar en mi segundo trabajo. Una multinacional, una empresa muy llamativa, una empresa llena de gente. Luego de un año y tres meses de trabajo, creo que me fui con un contacto de allí. Seguro que me fui con uno, no tengo idea si alguno más.

A este amigo me tomaré la libertad y el atrevimiento de llamarlo Max (quizá el entienda  por qué). Luego de dejar la empresa no fueron muchas las veces que nos vimos. Alguna vez mensajeamos, alguna vez hablamos, alguna vez nos vimos, pero hasta el mes pasado, habrían pasado ya unos dos años desde nuestro último encuentro. Esta demora en el encuentro se dio no por falta de ganas, sino por la vida que llevamos ambos. Ambos deseábamos re encontrarnos pero evidentemente el momento no era el adecuado para que esto se diera.

No sabría contarles que cosas nos acercan con Max, que cosas tenemos en común o que cosas nos gustan a ambos…quizá nunca nos tomamos el tiempo para comparar álbumes coleccionados. Algo que a ambos por alguna razón nos gustaba, no sé si nos gustaba en si o si nos gustaba disfrutar de gritar sus letras en medio de la oficina, eran los temas de Frank Sinatra.

Muchos temas compartimos pero en particular uno que a mí me ha gustado mucho por mucho tiempo y que a Max parecía agradarle es My Way, el cual tiene frases que en mis oídos suenan ideales (n del e: que temón que acaban de poner acá en la choza….¡¡¡¡La quiero a morir!!!!). Es así que hace tiempo se que Max y yo hacemos las cosas a Nuestra Manera, no como la harían dos seres normales, sino quizá dos seres marcados (o no…aún no sé si soy uno de los afortunados desdichados).

Es así que Max me ha cursado una serie de invitaciones para ir a su hogar a charlar y cenar en los últimos meses del año pasado. Por distintas razones nuestra reunión se retrasó mucho, pero sucedió que uno de los últimos días del 2010 conocí su apartamento de un piso alto, con un hermoso balcón y con una de las mejores vistas que he tenido la suerte de poder observar…me sentía que volaba sobre la ciudad…

Fue así que comenzó una charla muy larga para “ponernos al día”, en la cual intentamos aprender más del otro. Allí me enteré que Max había estado leyendo mi blog, y no solo eso sino que hasta parecía haberle interesado lo que he escrito. Fue esa noche que sucedió una de esas cosas raras que cada tanto se dan y que recién pude confirmarla hoy.

Max, así como mi familia, así como yo, así como el resto de mis hermanos y hermanas, es un tipo raro (no creo que nos interesáramos mutuamente de no serlo). Mientras charlábamos de la vida, de mis escritos, de sus anhelos y sueños, del todo y de la nada, me dijo algo como “Halcón, te voy a regalar un libro”. Y así desapareció del balcón y fue a buscar el libro en cuestión.

No sabía si me iba a dar un libro nuevo, uno usado, uno ya leído, uno envuelto, no entendía mucho en realidad. Al volver lo hizo con una copia nueva de este libro en cuestión, que ahora incluía en su primera página una dedicatoria especial para mí. Max me contó que este libro lo había leído por primera vez muchos años atrás y que era una obra maestra.

Entendí que era uno de los libros más importantes de su biblioteca y me contó algo muy interesante. Cada tanto compra alguna copia nueva para regalársela a alguien. Este alguien no es conocido a priori por él, pero mientras va caminando por su sendero, siempre aparece este alguien que es “digno” de recibir este obsequio. Esta vez el afortunado ser fui yo (¡espero haber entendido bien y no haberme hecho toda una película!).

Es aquí que debo ser completamente honesto con ustedes mis lectores. Quizá algunos crean que soy un ser instruido en las letras y que he leído los autores más importantes del mundo de la escritura, otros pensarán que en mi puta vida he abierto un libro y que por eso es que soy tan malo en esto, otros quizá se acercan más a la verdad.

La realidad es que el primer libro que realmente leí, lo hice a los 17 años y se llamaba “El Hobbit”. Desde entonces no he leído ni muchos ni pocos libros, he leído los necesarios. Pero estos libros no se alejan de un tipo de escritura que algunos aman y otros detestan. Estamos hablando del género fantástico que va desde JRR Tolkien hasta JK Rowling pasando por Urusla K Leguin.

Es por esto que por lo general la gente al regalarme un libro, opta por alguno fantasioso, sabiendo que es esto lo que voy a disfrutar. Estos no se equivocan, el 98% de los libros que me puedan regalar y que no estén en este género, serían descartados por desinterés y falta de tiempo.

Pues bien, Max no me regaló un libro estilo Tolkien, Max me regaló un libro “en serio”, y me dijo “yo sé que vos lo vas a valorar”. Cuando alguien le dice a una persona como yo esto, genera un “contrato” o “compromiso” que no es un compromiso de obligación, sino algo más. Max no me estaba forzando a leer este libro, sino que se la estaba jugando y me estaba diciendo “yo te conozco Halcón y esto te va a ayudar en tu camino”. He aquí el contrato, el leer un texto bajo este precepto puede ser un hermoso momento o uno pésimo.

Para contarles el final antes de seguir con mi pseudo relato, debo decirles que Max, habiéndome regalado un libro no fantástico, logró regalarme uno que se encuentra en ese pequeño 2% y logró algo más, logró decirme “yo te conozco Halcón”. No muchos pueden decir esto último, muy pocos.

El libro que me regaló es de un tal Herman Hesse y en si sigo sin saber bien como carajo se llama. Pongámosle que se llama “Demian – Historia de la juventud de Emil Sinclair”. Para poder entender todo este libro, es probable que lo tenga que leer mil veces más. Pero que loco es cuando lees algo que sentís que dice lo que tenés en tu cabeza, o más.

Es más…lamento que Max no me haya regalado este libro antes por una sola cosa…de haberlo hecho, mi único post en este blog habría tenido la siguiente línea “Leer Demian de Herman Hesse”. Pero bueno, ahora ustedes ya han invertido su tiempo en este blog y voy a seguir. Muchas cosas en este libro me gustaron pero así como Max siempre busca alguien en particular para regalarle este libro, no creo que todos leamos lo mismo cuando leemos una obra así, así como ninguno de ustedes lee mis palabras de la misma forma.

Las cosas que me sorprendieron de este texto fueron numerosas... por un lado me pareció muy interesante que un símbolo importante para el libro fuera el gavilán…me pareció muy loco que mi pseudónimo, con toda la carga que tiene para mí, fuera parte importante de este libro. Pero es increíble la forma en que Hesse expresa sus ideas sobre las personas.

No me creo capaz de hacer una crítica del libro y contarles algo del mismo, porque de seguro lo haría muy mal y no tendría ningún sentido destruir tan bella obra. Solo les puedo decir que para algunos de ustedes será una lectura que les va a gustar…

De momento no tengo mucho más que decir, salvo una cosa. Gracias Max por darme más herramientas con que formar mi camino. También podría decir que estoy convencido de que tenemos que seguir haciendo las cosas a nuestra manera, ya que no nos importa si es la mejor o la peor, pero es la nuestra y nos funciona. Ahora que terminé este libro me puedo dedicar a fondo a este otro que me traje y que se llama “Eragon”…lectura muy seria también.

Luego de no haber dicho nada de nada, me despido.

Más que nunca,

El Gavilán que intenta romper el cascarón.

1 comentario:

Pablo dijo...

Querido Hermano Gavilan,

Gracias por este hermoso post! He llegado al final con una sonrisa en mis labios :)

Siento una enorme felicidad, porque te ha gustado la obra.

Saber que acerté en dársela a alguien que la pudo apreciar me pone contento, y más cuando has compartido esa riqueza a través de tu blog.

Imaginar los momentos de emoción y asombro que habrás vivido al leerla me reconforta mucho, tanto mas cuando pienso que pueden llegar a ser influencia en tu estilo al escribir.

Espero pronto nos podamos juntar a comentar el libro, otra vez, en mi balcón celestial.

Tu amigo y guia ;)

Max