miércoles, 24 de noviembre de 2010

Otro cuento de esos...


Hace algunos años, cuando aún la Costa de Oro no era la Costa de Oro, cuando no tenía un nombre tan fashion, nacía en el seno de un hogar progresista un niño rodeado de amor y llamado Pedro. El primogénito de una familia de trabajadores, amado como pocos y criado como algunos.

Su familia vivía en un balneario llamado Solymar, donde aprendió con caídas y lastimaduras, se divirtió y creció. Desde chico fue un niño muy sociable, sus abuelos le dieron todo y tuvo muchos amigos y amigas. De su familia, con el que tuvo la relación más fuerte fue con su abuelo paterno, su tocayo, con quien además del nombre compartía el parecido físico y su forma de ser. En su casa la enseñanza que le dieron fue la de la libertad, la de las elecciones propias y lo amaron como se debe, de la forma menos egoísta, guiando pero no liderando, mostrando caminos pero no decidiendo por él.

Si bien nunca mostro mayor interés por el estudio, fue un buen alumno en la escuela y sus compañeros y maestros lo eligieron para llevar el pabellón de la patria. Muchos actos pasaron y mayor fue el orgullo que su familia sintió. Nunca tuvo un hermano, más que los que la vida le dio, no sé si por imposibilidad de sus padres o falta de deseo en darle al mundo otro ejemplar como él.

El liceo fue un nuevo mundo para él, más profesores, nuevos compañeros, nuevo lugar. Como antes, pudo avanzar sin problemas al mismo tiempo que disfrutaba de su juventud y de su belleza (tanto interna como externa ahora). Plantó un ejemplo a seguir en su institución pues siendo el chico más “popular”, tuvo lo que un verdadero líder debe tener…pelotas. Nunca permitió que se burlaran de los distintos, de los chicos, de los tontos. Siempre intentó impartir una especie de justicia, que en última instancia sería el camino que elegiría para su vida.

Quizá esta forma de ser hizo que se generara la amistad menos esperada, el chico más popular con el chico más raro. Esta amistad los definiría a ambos y los haría cambiar…el chico raro sería mucho más popular y viceversa. A los 15 años, en el cumpleaños de este, su mejor amigo, besó, y era la primera vez que lo hacía, a una de las más bellas chicas que pisaran ese liceo. Ese fue su primer noviazgo de muchos y duro exactamente 365 días. Con ella perdió su virginidad mas no su inocencia, dejó de ser un niño, pero no dejó sus principios, esos que sus padres le inculcaron y esos que muchos siguieron más adelante.

Ya teniendo 16 años le sucedió algo muy raro…algo que mucho tiempo después se convertiría en una anécdota más de su vida y otra razón para un vínculo inquebrantable. Luego de una fiesta en lo de su mejor amigo, luego de muchos alcoholes, se dio una charla entre estos grandes amigos. En esta no hubieron tabúes, no habían trabas, eran dos personas hablando de todo. Y se dio que su amigo le confesó sus dudas, sus temores y su amor. Pedro se sorprendió al escuchar sus propias dudas y temores en los labios de su amigo.

Fue así que días más tarde tuvieron la noche que los unió tanto como las defensas en el liceo, como las aventuras en Solymar, como cualquiera de sus vivencias juntos, siendo única y especial. Ambos disfrutaron de esa noche donde hubo mucho amor, mas Pedro supo que su amigo y él no lo habían vivido de la misma forma. A la mañana siguiente ambos empezaron a recorrer caminos distintos en el amor, pero el amor entre ellos era aún mayor y único. Habían logrado entenderse el uno al otro y ya nunca más dudarían de su hermandad.

Pocas veces se ha visto amistad como esta, pocas veces. Su amigo pudo ser totalmente libre de hacer y elegir lo que quiso, ya que Pedro lo apoyó en todo. Su abuelo Pedro fue el primero en comprender toda esta situación y fue su sabia voz la que permitió gran parte de esta libertad. Fue así que Pedro y su amigo quisieron aún más a este viejo sabio y por mucho tiempo sería un guía para ambos en los momentos de oscuridad, cuando la luz no se puede encontrar.

Cuando terminaron el liceo y alcanzaron su mayoría de edad, se mudaron juntos a una pensión en el centro de Montevideo. Estando ambos sin pareja, pero teniendo la experiencia requerida para amar sin sufrir, eran dos reyes en la ciudad. En esa época ambos se embarcarían en un nuevo proyecto: “la facultad”, otro nuevo mundo. Siendo muy buenos estudiantes, sus posibilidades eran el mundo entero. Decidieron que lo que fueran a hacer, lo harían ambos y lo harían juntos.

Habiendo recorrido el camino recorrido, las leyes y la defensa de los más indefensos fue la opción elegida por ambos. Muchos años más tarde ambos redactarían el texto que se transformó en “la biblia del derecho en Uruguay”. Por esas épocas las opciones en cuanto a Universidades se reducían a la estatal, y sin dudarlo se inscribieron ahí.

Un año más tarde, habiendo terminado el primero de sus años de carrera, en el cual ambos se destacaron, decidieron empezar a militar en su centro de estudiantes. Habían crecido mucho en este tiempo y querían crecer aún más. Querían involucrarse con la carrera en todos sus aspectos, no solo el estudiantil. Siendo ese un año difícil para el país, teniendo la Universidad muy pocos recursos, sucedió que una noche de asamblea, en la que se estaba hablando del futuro de muchas cosas, Pedro conoció a la mujer de su vida. Y que rara que es la vida, ya que esa misma noche su mejor amigo conoció al chico de su vida.

De ahí en más fueron cuatro y ya nunca se separarían. Grandes trabajos surgieron entre los cuatro, se destacaron ahora como un grupo y el avance no lo dudaba nadie, ningún catedrático, ningún estudiante. Los cuatro siguieron en la militancia y representaron a su Facultad en muchas instancias. También fueron capaces de vivir y disfrutar, no murieron por su facultad. Probaron nuevas experiencias, tomaron, bailaron, viajaron, probaron algunas sustancias…en fin…gozaron su juventud.

En su cuarto año de facultad, Pedro, con un muy buen promedio y con aún más ideales, empezó a ayudar a un viejo conocido de su padre de la infancia, un viejo militante que hacía política. Fue así como Pedro entró a un mundo que temía mucho pero en el que él sentía que podía hacer la diferencia. Juntó firmas para algún referéndum, entregó listas en alguna elección, fue delegado en alguna otra.

Su carisma había crecido, sus facciones eran aún más agradables, su forma de ser ideal para ganarse la confianza de el rico y del pobre, del bueno y del malo. Su corazón siempre latió de una forma, sus ideales siempre fueron unos y su amor por siempre lo apoyaría en este camino de luz. Fue así que a sus 24 años y con honores, los cuatro terminaron su carrera. Cuatro nuevos abogados, cuatro personas “de bien”, cuatro seres que pretendían dar su pequeño aporte para hacer de este un mundo mejor.

Fue aquí que los cuatro, al recibir el título se miraron y supieron lo que pensaban sin decirlo. El mundo era de ellos y querían explorarlo antes de asentarse, querían conocerlo, querían, si era posible, crecer más. Tengan fe en lo que les digo, es probable que nunca hayan visto un grupo tan grande de gente tan grande. Todo lo que tocaban se convertía en oro, pero un oro que no es material, que no compra casas ni autos.

Al mes de tener su título, vendieron lo poco que tenían, compraron 4 pasajes y se fueron para el viejo mundo. Del año que sigue a este hecho, poco se sabe pues poco se ha dicho. En mi investigación encontré que los cuatro viajaron, primero por el viejo continente, viendo todas sus bellezas pero también buscando sus pobrezas, conocieron oriente y occidente, vieron las arquitecturas nuevas y las ancestrales, vivieron en el socialismo y en el capitalismo. Muchos dijeron escuchar cuentos de sus trabajos de mozos y mucamas en Berlín, de los días al sol cortando el pasto en York. Muchas cosas se dicen de ese año, pero ellos nunca lo escribieron. Fue una de sus más grandes aventuras, pero para ellos fue simplemente un recreo antes de cambiar el mundo. 

Un año había pasado cuando volvieron a pisar suelo oriental, tenían algún dólar guardado de sus días de junta puchos en Lisboa, pero por sobre todo tenían sueños, muchos sueños. Decidieron abrir un bufete, eran cuatro abogados muy capaces así que podían darse ese lujo. Buscaron clientes caros, casos que pudieran ayudarlos a crecer económicamente, pero al mismo tiempo ayudaron a todo aquel que no pudiera obtener otra ayuda.

Recuerdo que al conocerlos a los cuatro, ya que era imposible verlos por separado, me contaron historias que hacían que uno tuviera ganas de abrazarlos. Madres solteras, mujeres destratadas, niños necesitados, nadie parecía alejarlos. Fue en esta etapa que Pedro volvió al mundo de la política y alentado por todos los que habían ayudado logró acceder a sus 29 años al parlamento de su país. Muchos golpes sufrió en esta nueva etapa, pero quizá todos los golpes sufridos por sus caídas en Solymar de niño le habían enseñado realmente que una caída no significaba más que eso, una caída.

A sus 30 años una nueva desgracia golpeó su vida, su abuelo fallecía una mañana de agosto, el abuelo que más lo había querido y al que más había querido. El abuelo que había sido el guía espiritual del grupo durante años y quien los había alentado más a realizar ese viaje tan importante. Este momento habría sido mucho peor si no hubiese sido por el amor que se tenían los cuatro, pues más allá de ser dos parejas, eran cuatro hermanos.

Pedro había comprendido parte de lo que es la vida hacía tiempo ya, y sabía que si bien podía con el mundo solo, teniendo a sus tres mayores amores al lado, nada lo tocaba. Y fue aquí, en este momento, por la tristeza que los acongojaba, que los cuatro se replantearon muchas cosas. Fue así que una mañana de Diciembre de ese mismo año y en una forma muy improvisada, se dieron dos casamientos el mismo día. Una mañana recordada por muchos, un casamiento en el que los invitados no se medían por clases, los ricos se sentaban con los pobres, los raros con los feos, los lindos con los sabios.

Los cuatro eran ahora dos y lo que se había unido años atrás, ya nadie dudaba que el tiempo no sería capaz de deshacer. Ya habían vivido algo mejor que una luna de miel, así que decidieron no realizar otro viaje. Consideraron que debían seguir trabajando, que tomarse otra licencia no era una posibilidad.

Al mes del casamiento y con mucho esfuerzo, el bufete y las dos parejas se mudaron a tres casas del barrio Malvín. Para este entonces Pedro y sus amigos empleaban a cerca de 30 personas y eran muchos más los que querían trabajar con ellos…no por la plata ni la fama, sino por los ideales claros con los que se manejaban.

Fue a sus 33 años que los dos más grandes amigos redactaron un libro, el primero de muchos, el que anticipaba lo que grandes mentes y grandes pensadores podrían darnos. Tuve el honor de leer este libro, una primera edición autografiada por “Pedro y su banda”, como ellos bromeaban. No solo era una lectura muy agradable, enseñaba de la vida, era un verdadero manual para la vida.

Cuando ya peinaban más canas, a los 35 años Pedro y su mujer tuvieron su primer hijo. Este tuvo dos padrinos que a estas alturas creo que no es necesario decir quienes fueron. Al año de esto logró que se aprobara una ley y por ella su mejor amigo pudo agrandar su propia familia, adoptando a un niño y una niña (mellizos), justo cuando Pedro estaba a punto de tener su primera hija. Fue así, que luego de nacido el segundo niño de Pedro, ya eran nueve donde alguna vez habían sido cuatro. Pocos niños deben haber crecido en una atmósfera tan próspera para el crecimiento, tanto los hijos de Pedro como los de su gran amigo.

De aquí en más su vida es conocida por todos y no hay mucho más que decir. Los logros del grupo fueron muchos, tanto en el derecho, leyes, política, definieron las bases para muchas cosas que pudieron ser. Muchos años más tarde, ya retirados, con nietos y más tarde bisnietos, volvieron a Solymar a vivir como en su adolescencia, volvieron a recorrer el mundo como cuando jóvenes, y así pasó que fueron yéndose del mundo y nunca hubo tristezas entre ellos…habían recorrido ese camino que te permite llegar al final sabiendo que es otro principio, sabiendo que si lo repitieras, no dudarías en hacer lo mismo, sabiendo que la muerte es una amiga olvidada, una con la que fijamos una cita hace mucho tiempo.

La vida quiso que los últimos en irse fueran estos dos, los últimos grandes amigos que muchos hemos visto. Finalmente al morir su amigo, Pedro tuvo unos meses más donde volvió al principio, a la época de su vida en la que vivía en Solymar, en la que aún no había conocido al chico que sería el  hermano que la vida le dio. Fue en este momento, en el final de su vida que escribió el único libro que escribió solo.

Nunca lo llegó a publicar, como otros grandes murió antes de darle su obra maestra al mundo... fue su primogénito quien lo publicó. A diferencia de todas sus publicaciones anteriores esta no trataba de leyes, ni de historia, ni de la sociedad, ni del socialismo, ni del capitalismo, no trataba de ninguno de los temas tocados antes. Este hablaba de sus amores y de cómo había vivido una vida en el amor.

Fue hace muy poco que obtuve una copia de este libro, y si bien Pedro consideraba que era un texto que no tendría ningún valor para la gente, fue su “best-seller”. En mi opinión fue maravilloso entender la forma en la que vivió y como veía al amor, realmente enseñaba. Los primeros capítulos estaban dedicados a sus bisnietos, a sus nietos y luego a sus hijos. Contaba varios capítulos sobre el chico que hizo feliz a su mejor amigo, redactó maravillas sobre su mujer.

Pero lo que más me sorprendió fue el final del libro, los últimos capítulos. Estos hablaban simultáneamente de dos personas: su abuelo Pedro y su mejor amigo. Es en el final de su libro que finalmente uno comprendía quienes habían influido directamente en su forma de ver el mundo. Su abuelo en su infancia y su mejor amigo en su adolescencia y lo que vino después. No fue hasta que el mundo leyó su libro que todos comprendimos todo lo que Pedro admiraba a su mejor amigo, el amor que podía profesar, sus principios, su compasión, su valor.

Según queda claro en este póstumo “best-seller”, el amor que le tuvo a su amigo durante tantos años y la admiración que le profesaba fue uno de los motores de su vida, una de las razones que tuvo para amar y ser amado. Y fue así, que dejándonos estas últimas palabras, esta, su última obra, partió del mundo 30 días después que su amigo, al día siguiente de poner el punto final…

Y nada de esto es raro, todo en esa historia podría ser real, salvo que Pedro nunca nació o si nació nadie lo sabe. Cuando su madre estaba embarazada fue detenida junto con su esposo para ser interrogados y nunca más se supo de ellos. Se dice que se fueron a Francia si bien nunca nadie más escuchó de ellos. El estado nunca ha dado explicaciones de esa detención, así como de tantas otras. Sus abuelos lo siguen buscando, su familia sigue esperando…

Espero que algún día, todos podamos ver más allá de las banderas, más allá de nuestros orgullos, de nuestros secretos, de nuestras impotencias, de nuestras ambiciones y digamos basta. Que finalmente seamos todos uno y pidamos justicia, no revanchas, no venganzas, justicia. Justicia por los que se fueron, justicia por los que se perdieron, justicia para los que somos, justicia para todos. Hagamos que la historia no tenga huecos, no tenga espacios de los que pocos saben y ninguno habla. Somos un país muy joven para que tantos años sean un misterio. Creo que es hora de que escribamos todos juntos para poder avanzar.

Tenía que decirlo,

Sparrowhawk.

1 comentario:

el quijote uruguayo dijo...

Estimado me encanto, este ha sido su mejor trabajo, sin lugar a dudas.
Veo un desarrollo muy claro, ordenado, como para publicar.
Si fuera película y le pusiera un nombre, este seria:

" LA HISTORA IDEAL "

Lo felicito, me gusto y me emociono.
Tiene que buscarse una editorial y empezar a presentar sus trabajos.

Atte. Astroboy